Avisos♡

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lunes, 3 de octubre de 2016

Fanfic: One million of lives, one million of stars.


Llora, pero nunca te rindas.

Turbio. Todo era turbio. Su mundo ideal se había convertido en uno turbio y desorientado. ¿Vacío? Estaba en proceso. No deseaba perder la cordura, pero... ¿por qué sus manos estaban llenas con el elixir del pecado? ¿por qué sentía que, una vez más, ella había tenido algo que ver? Y sobre todo, ¿qué había pasado los últimos minutos?.  Arrodillada, vestida en un glorioso vestido rosa pálido hecho a la medida con pedrería, los olanes y las capas de tela superiores y brillosas, estaban manchadas y opacadas por el crimen cometido en presencia de las dos lunas vigilantes. La prenda había sido diseñada para esa espléndida noche de fiesta entre nobles, empresarios, embajadores de otros planetas y como grandes anfitriones, La Realeza de Drunai. 

El punto era establecer relaciones, fortalecerlas, divertirse en grande, jugar al diplomático y al bárbaro. Un evento a escala interestelar. Era mágico, banquetes espectacular, un orden intocable, una orquesta sinfónica inigualable, los adornos cumplían su rol, embelleciendo cada ápice del enorme salón de baile. Los colores de las hermosas ropas que cada invitado usaba, bailaban a través de la pista, a la melodía de los instrumentos, los cuales emitían puro placer para los oídos. 

¿Cómo es que todo había dado un giro de 360 grados?. Temblaba, sus guantes largos, decorados con extravagantes anillos, siendo el protagonista nada más y menos que el de bodas, ya no parecían ser igual de blancos, como al principio de la fiesta. ¿Y la luz? ¿Quién había apagado y roto las luces de las arañas con gotas de cristal? Solo las superficiales, como las velas y las lucecillas que yacían en las mesas, eran las encargadas de iluminar la escena. Un zumbido agudo y sordo retumbaba en sus tímpanos y, a la lejanía, los gritos de horror de las personas, quienes corrían como liebres, buscando su escapatoria. De nuevo se preguntó, "¿qué ha pasado aquí?", al compás de su agitada respiración y su taquicardia que parecía esforzarse por competir. 

Un guardia real, irrumpiendo y empujándola fuera de su shock con suma brusquedad, la tomó del brazo, levantándola y pidiendo disculpas mientras la dirigía a un lugar seguro. Mareada y obligada, hizo lo que pudo, casi a tropezones cuando...

— ...¡¡NOOOOOOOOO!! 

Un grito desgarrador, inhumano, sobrenatural, proveniente casi de la misma desesperación personificada, salió de la garganta de la joven reina. Comenzó a jalonear y forcejear con el guardia, hasta que, en un movimiento soso, torpe pero efectivo, cayó al suelo e inmediatamente, con las lágrimas de dolor bañando a borbotones sus delicadas facciones, se acercó a la visión trágica que se postraba ante sus amatistas. 

Sentía morir por dentro, todas sus entrañas daban vueltas. Nauseas, angustia, tristeza infinita, seguido de una impotencia al nivel de la estratosfera, enojo infernal y una pizca del odio más profundo y venenoso, como aguja incrustada directamente en su corazón, fueron el cóctel perfecto para su perdición sin fin. Abrazó con todo su ser, fuerzas y entrega el cuerpo ensangrentado de quién, alguna vez fue la su tesoro, su vida y su genuino amor.

—¿Yale...? ...M-mi amor, despierta. 

Como si fuese a interrumpir el descanso del albino de una larga siesta de mediodía o una fresca mañana, como solía hacerlo, le llamó. Al no notar reacción alguna, la desesperación venció.

 —¡Yale! 

Vociferó. La paciencia de la castaña se consumía a una velocidad atroz.

— ¡YALE, POR FAVOR, DESPIERTA!

Las lágrimas saladas no avisaban con parar, ni ahora y probablemente, ni dentro de un largo tiempo.

—¡¡ABRE TUS OJOS, TE LO PIDO!! 

Se aferraba dulce, posesiva, ferviente y esperanzadamente, como una loca al cuerpo sin vida. Pese a las condiciones en las que se encontraba el cadáver, ella aún se negaba a pensar lo innombrable. ¿Muerto? ¿Cómo iba a estar muerto el hombre más prestigioso, querido y respetado tanto por su familia como por los ciudadanos?. Dos guardias hicieron, o más bien, intentaron darse a la tarea de tomar a Lina por los brazos para ponerla de pie gentimente, de nuevo. Grave error.

—¡¡¡Suéltenme, insolentes!!! 

La reciente reina había hablado. Obedientes, con una palpable amargura tatuada en el rostro, quedándose como perros fieles junto a su ama, bajaron la cabeza; la peor perdida impensable se había llevado a cabo. Sollozando ahogadamente y sin importarle en la deplorable condición de su imagen, se mantuvo junto a su fallecido y amado esposo. Su cabello era un desastre, sus ropas igual, su maquillaje no se quedaba atrás, y su entorno parecía haber sido arrasado por un torbellino. 

Los guardias restantes, los de la sección especial, las fuerzas policíacas, militares terrestres, navales, aéreas y espaciales salieron como fieras hambrientas a la búsqueda del asqueroso asesino. La metrópolis se había vuelto un caos. Juraba, por todos los dioses de su raza, los anteriores reyes en el trono y sobretodo, por sí misma que encontraría al maldito que le había arrebatado el último aliento a su preciado Yale. 

La ira la carcomía con un efecto más poderoso del esperado; nada, absolutamente nada se le comparaba. Esta venganza sería diferente, no como la anterior con Silver. Ella podían hacerle lo que quisiesen, pero... si se metían con las personas que más amaba, se transformaba en una bestia cruel y sanguinaria. Sin piedad y sin distracciones. La metamorfosis de sus amatistas con un azul rey, en forma de cruz, solo significaba una cosa; una guerra implacable se aproximaba con la rapidez de billones caballos de fuerza. En todos los rincones del universo buscaría y, si alguien le obstaculizaba el camino, no sería pisoteado ni castigado, se encargaría de destruir cada partícula de la materia que formaba su ser. Así sería. 


Definitivamente.




Mira la lista de personajes.


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